Relato #4: ¿Reina o Emperatriz?

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Sentía que éramos como dos príncipes en espera de tomar las riendas del reino. Un reino que estaba siendo preparado para nuestra llegada al trono.

Cuando estaba con el, yo lo guiaba. Ya fuera a empujones, con sutileza o suavidad. Entendiera o no entendiera. La paciencia era una virtud, y sabia aprovechar cada momento para hablar con él. Yo lo conozco mejor que a nadie, yo lo estudié todo el tiempo. Los descompuse para ver su interior y lo volví a construir, sin que se diera cuenta.

Yo le demostraba y le hacía entender. Le enseñaba lo que yo sabía, lo educaba para que fuera el mejor rey… siempre y cuando yo fuera su reina. El sería el mejor de todos, porque yo lo hacía grande, yo lo empujaba y lo llevaba hacia la cima.

Detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer. No sé quién dijo esas palabras, pero ¡oh! Tiene tanta razón. Yo lo viví, lo experimenté, lo vi y lo palpé.

Las personas nos amaban. Recibíamos elogios constantemente, incluso de extraños, cuando estábamos juntos. En todo tipo de lugares. Nuestros conocidos adoraban estar a nuestro alrededor. Eramos una fuerte pareja.

Poder y poder unidos.

Puede que el atrajera a las personas, pero yo era quien trabajaba el vínculo para mantenerlos con nosotros.

Lástima que no pudo ver más allá de sus deseos banales. Ahora que se arrepiente, ya no estoy para gobernar con él.

Nadie me pisotea dos veces y sale indemne.

Ahora yo soy la única reina, o mejor dicho, ahora soy la única emperatriz de la tierra que tanta sangre y lágrimas me ha costado.

Hay que enseñarles a todos como deben de tratarnos.

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