Relatos #2: Tus Ojos Me Gritan


Hay algo de ti que no me deja tranquila.

Cada vez que nos vemos, tu ojos me gritan miles de cosas: cosas tristes, cosas desesperadas, cosas confusas, cosas perdidas. Por eso siempre los observo. 

Me recuerdas a mi.  Te pareces a mi.

Tus ojos me gritan, tengo que dejártelo claro, y no me malinterpretes con estas palabras. No soy poeta, lo juro, y tampoco quiero serlo. Es solo que por mis venas corre el complejo de escritor que algún día quisiera que se convirtiera en realidad.

Estas sólo son algunas cosas que susurro en mi silenciosa habitación cuando pienso en todo mi día. Hoy me dio por escribirlas.

Es culpa de tu olor. Llegué a casa oliendo a ti. Nunca había olido a un hombre, y no es que se sienta raro o especial, la verdad es que no me importa, pero esto me hizo recordar cuando estabas acostado en la cama mirando la nada mientras pensabas... en ella.

No quiero entrar por completo en tu vida. Sé cómo jugar, sé cual es mi lugar. No soy convencional, nunca lo he sido, y es por eso que no me molesta lo que hacemos o que seas muy directo conmigo.

Al final ambos nos alejaremos y tal vez tu nunca mires atrás. Pero yo si lo haré. Siempre miro hacia atrás. Necesito hacerlo para vivir tranquila con lo que he hecho o he vivido.

Cuando mire hacia atrás no quiero arrepentirme de no haberte dicho lo que vi en ti. Lo mucho que me recuerdas a la persona que habita en mi interior.

En el momento entendí perfectamente que no querías hablar. Solo te estaba molestando, tratando de hacer que el momento fuera más ameno. Ya no quiero seguir fingiendo que no noto o no veo que hay cosas que te preocupan, cosas que crees que no puedo percibir sencillamente porque no te conozco por completo. 

A veces simplemente me es imposible fingir… 

Lástima que fui buena en esconder mis deseos por hablarte o entrar en esa pequeña parte que podía cruzar en tu vida, si solo me hubiera atrevido. 

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